LOS VIAJES DE CADOS: “¿NO ES CAT POWER ESA?”
Es bueno estar frente al teclado otra vez. Acá está templado, entre cuatrocientos veintiséis libros y una estufa a cuarzo, un resto de licor de café. Apoltronado en mi silla sin rueditas, escuchando Stereolab y deseando hacer una reseña sobre ellos en este bendito blog, me encuentro en la obligación, previamente asumida, de tener que redactar una crónica sobre el recital de Chan Marshall y/o Cat Power en nuestro aún más bendito país.
Reitero que estoy cómodo aquí; sin la lluvia, el viento, la alergia y el cansancio de aquel 28 de mayo, aquel viernes que quedará para el mejor de los olvidos.
El teatro Plaza era un recinto semi palaciego que hoy se da el lujo de tender sus alfombras a artistas de estilos dispares, pero manteniendo cierta intelligenzia internacional: un lugar con el estilo de ciertos teatros de rock n roll en otros países.
La tertulia alta estaba realmente alta, y a no ser el detalle de una baranda que parecía darle al pianista un fierrazo en el mentón desde mi óptica, que cortaba un poco la escena, el recital se llevó a cabo sin mayores comentarios que se destaquen en mi libreta de apuntes.
Primero los muchachones locales de Carmen Sandiego, con su pop loufai estridente de melodías simples que en algo me recuerdan a Stereolab (acá me salgo con la mía), también a Moldy Peaches (ver http://www.dondeenelmundo.com/) y felicidad disuelta en un jugo agridulce. Muy bueno los desafines espontáneos y los coros de ángel. Disfruté sus letras “malas” en castellano (más tarde en un bar, discutimos con *** sobre la conveniencia de la guitarra electroacústica). Tocaron 5 canciones y se fueron aplaudidos.
Cat Power, como todo artista internacional, vino a robar la plata. Fue una actuación correcta y algo parca por demás, pero ajustada a su estándar a lo largo de su gira. Vino a presentarnos su último disco “Juke box”, disco de covers con dos excelsos temas propios: Song to Bobbie y Metal Heart.
Juke box:
http://www3.bigupload.com/download_frame.php?id_file=I1NR9C5RNL
Justamente esta última fue la única tonada con batería, tocada por un señor pelado de barba que en el video la descosía, y acá se le fue la mano de panchos y cerveza en la pasiva y le atacó la pereza a la hora del recital. El 90% del show, Cat fue acompañada por un guitarrista de facha noventera (pelo largo, chaqueta de cuero) y pedales inquietos; y por un tecladista que arruinaba la escena con su pinta de flogger, pero que fue uniendo y encausando melódicamente la noche ante la austeridad de nuestra heroína de voz profunda. Blues, jazz, indie folk, con aires de Patti Smith, en su desgarbado estilo punk de N.Y., el trío nos dejó una buena lección de música para dormir, emotiva por momentos, intensamente femenina y con un halo particular de sencilla celebridad transmitido por la solista (*** me comentó más adelante que había estado sentado a su lado en un bar la noche del jueves y no se había dado por enterado).
Dicen que tuvo problemas con el cable del mic, que repartió flores al final, y no sé qué más. En un momento, cuando vi que todos se paraban a mi alrededor y se agolpaban a riesgo de saltarse la baranda hacia el foso, empecé a gritar “CHOLULOS” hasta que fui golpeado por dos señoras que no habían soltado sus carteras durante toda la función, justamente con un fin de auto-defensa. Me retiré magullado del local, cuando todos creyeron que la diosa reventada iba a darnos un bis, y se limitó a decir dos veces que Uruguay está en el ort… del mundo. Ella está en el ort… del mono para mí. Salí con amigos a un bar, comimos, bebimos y le cacheteé una nalga a la moza. Fue una noche infame. ¡Por eso yo quería hacer el post sobre Stereolab! Hasta la que viene, hermanitos.
Cados.





